Exposición ZUGZWANG, Colección Carlos Ashida

Zugzwang, Colección Carlos Ashida
Exposición
Museo de Arte Raúl Anguiano

 

 

 

 

 

 

Fotografías de Daniel Acosta [ver galería]

 

 

 

Zugzwang¹: antes que la parálisis por una pérdida, la imperiosa obligación de moverse. Moverse con valentía sobre tierras inciertas e inexploradas en un ejercicio de libertad absoluta para ver más allá del horizonte, pararse de puntas y vislumbrar con agudeza el futuro. Carlos Ashida apostaba por el movimiento. Su visión tampoco se ceñía a una sola línea, práctica o formato, sino que corría y atravesaba aquellas miradas que solo alcanzaban a ver lo inmediato del presente.

 

“Un visionario caminó por un terreno que no estaba listo para caminarse, y aún así, lo encontró fértil.”

 

El móvil general de la exposición “Zugzwang, Colección Ashida” que se exhibe en el Museo de Arte Raúl Anguiano, es la imagen y revisión de este andar y de lo que se ha recolectado en el camino. Veinte años de labor como gestor, curador y coleccionista que ahora se traducen en un acervo histórico de carácter simbólico, artístico y social. Así, el valor de la colección radica en el relato de al menos tres décadas de historia del arte en y desde Guadalajara, que va desde el inicio de la colección hasta su más reciente transformación. Lo que era un paseo de campo se convierte ahora en un considerable fragmento del retrato panorámico del arte local y que a su vez ha marcado muchos terrenos del ámbito nacional.

Desde esta perspectiva, la exposición es un recorrido por el tiempo. Pero ¿cómo se puede trazar una ruta alrededor de obras esencialmente diversas y casi atemporales? Cronológicamente, por supuesto. No obstante, un mismo hilo discursivo diluye la división entre salas ordenadas por periodos —un orden meramente protocolario como propuesta de recorrido para guiar al visitante o sugerir un punto de partida— colocando esta línea divisora ya no entre lo “tradicional” y lo “contemporáneo”, sino entre arquetipos y paradigmas. Es esta ruptura de modelos de percepción y expresión lo que genera un nuevo bloque de artistas valerosos, formatos inusuales, contenidos difusos y resultados más bien escandalosos.

Lo que es más, en medio del aparente caos se despliega casi milagrosamente un abanico de lecturas posiblemente contrastantes entre estos artistas, estilos y épocas, de tal suerte que la diversidad no radica ya en los objetos, sino en sus lecturas. No hace falta acentuar la ruptura entre periodos ni establecer límites inamovibles entre fechas o corrientes para dejar que el contraste aparezca por sí solo como posibilitador de esta convivencia. Se trata entonces de un recorrido fluido y lineal que se superpone a cualquier estructura de bloques independientes y entrecortados; lo que se lee finalmente es un conjunto y un reconocimiento de lo uno en lo otro. En suma, el movimiento natural de las artes es uno de apertura y encuentro.

Así, Mónica Ashida, curadora de la exposición, genera un mundo paralelo en donde los más de 50 artistas² tan disonantes entre sí se encuentran dentro de un mismo relato y un mismo escenario. En este lugar idílico lo radical no es más que la dieta del día; el anular los pretextos, un ejercicio saludable. Así, sin freno, se puede transitar con elegancia entre ambos extremos del péndulo sin aturdirse por la oscilación. Inteligencia, sensibilidad y un amplio entendimiento del entorno son elementos necesarios para abrir este espectro. Entonces ¿cómo entender el mundo? caminándolo, claro está, y con la misma voracidad de quien ve todo por vez primera, encontrar herramientas, vistas y momentos de asombro en el vacío silencioso de la cotidianidad.

 

Abrir la posibilidad de la curiosidad, del entendimiento, del conocimiento de los otros, de todos los que hay, y que será solo un punto de partida para provocar una apertura… No hay tesis imposibles de entender, no hay grandilocuencia, simplemente es mostrar la visión de alguien y la visión de muchos al mismo tiempo.

—Mónica Ashida

 

Caminó entre nosotros un visionario, dejando las huellas de una experiencia que se iba agudizando y sofisticando bajo un sentido crítico singular, esto es, su voluntad por defender la vorágine y luego darle un orden prodigioso. No es que fuese fácil abrir el diafragma. Sin embargo años después, quizás años tarde, el tiempo le dio la razón, y esa fina lectura extra-muros y ese sublime entendimiento del porvenir silenciaron las vehementes controversias de aquel entonces, o de aquel ahora. Por ello mucho se le debe por lo que hoy son las bases de esta nueva historia, y quienes la dictan, escriben y practican sabrán reconocer su valerosa influencia. Mientras tanto, nos seguiremos sumergiendo en el sendero con la intriga del no saber a dónde nos llevarán sus huellas, si es que nos llevarán a algún lugar.

 

 

 


 

¹ Zugzwang (en alemán «obligación de mover», de Zug, jugada o movimiento de pieza, y Zwang, coacción, obligatoriedad, pronunciado [tsuːktsvaŋ]) es una posición de ajedrez. Se dice que un jugador está en zugzwang si cualquier movimiento permitido supone empeorar su situación y, en algún momento, perder la partida.

² Los 56 artistas que integran la exposición son: Eduardo Abaroa, Gilberto Aceves Navarro, Manuel Álvarez Bravo, Francis Alÿs, Marco Arce, Fernanda Brunet, Francisco Castro Leñero, Miguel Castro Leñero, Eduardo Cervantes, Abraham Cruzvillegas, Thomas Coffeen, Manuel Felguérez, Jason Fox, Julio Galán, Gil Garea, Thomas Glassford, Mathias Goeritz, Fernando González Gortázar, Daniel Guzmán, Chris Hammerlein, Julio Haro, Fabrice Hybert, Cisco Jiménez, Juan Kraeppellin, Gabriel Kuri, Gonzalo Lebrija, Diego Medina, Jorge Méndez Blake, Lourdes Méndez, Rubén Méndez, Carlos Mérida, Helio Montiel, Daniel Navarro, Paul Nevin, José Clemente Orozco, Rubén Ortiz Torres, Kiyoto Ota, Fernando Palomar, Roberto Parodi, Adolfo Patiño, Antonio Ramírez, Jesús Reyes Ferreira, Carla Rippey, David Scher, Agustín Solórzano, Juan Soriano, Luis Miguel Suro, Sofía Taboas, Rufino Tamayo, Francisco Toledo, Ramiro Torreblanca, Roberto Turnbull, Luis Valsoto, Pablo Vargas Lugo, Germán Venegas y Benito Zamora.

 

 

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