Espacios Oníricos, de Daniel Barreto
Espacios Oníricos
Ilustraciones vía @danielbarretoes
Las ventanas nos permiten un afuera desde dentro, lo dibujan, lo hacen visible. Muestran paisajes frente a nosotros y los tiñen de una luz tornasol. En el espacio onírico, abrir una ventana es abrirse a un mundo ‘otro’ que se manifiesta nítido y fantástico; un misterio de formas y texturas que se proyectan sobre imágenes sin nombre, sobre historias aún sin contar. Siempre hay un soñador de mundos innombrables; aquí los sueños se nos revelan como ilustraciones, y éstas a su vez como ventanas. Estando abiertos, los ojos ya no sueñan sino que permanecen en la vigilia del color, del detalle, del contorno que se diluye en movimientos oscilatorios, oníricos, oceánicos. Los ojos abiertos del observador despiertan frente a las visiones que vislumbran los ojos cerrados de quien sueña. La realidad se aumenta y se vuelve líquida: pinturas digitales que se derriten en el mundo subconsciente donde todo es tan real como posible. Círculos devienen espirales que se condensan en el punto que se fuga en la línea, y viceversa. Todo espejo inventa paralelismos entre ficciones y realidades que se sumergen en la profundidad de la pupila. Imaginación, espejismo, ensoñación… Mientras unos sueñan de día, otros, sonámbulos, despiertan en un sueño lúcido.
Notas a propósito de la exposición “Espacios Oníricos”, de Daniel Barreto, inaugurada el jueves 12 de abril de 2018 en el café Fitzroy Espresso Bar (Marsella #126, Colonia Laffayete, Guadalajara, Jalisco, México).
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